29-ag-2007
El tiempo se escurre, los días van escapando tranquilos, cómo si no hubiera más ocasos intempestivos con despertares en la madrugada. Entre paseos-turista y la rutina del ocio, comidas de reyes, mantequilla de manzana y quedo, pan en mil formas, mermelada y chocolate, carnes, papas, vino, oporto rosa con paté de especias.
La gente no cambia mucho pero de apoco se asoma el apuro, la urgencia de atravesar las minas de la burocracia y llegar al campo legal de necios papeleos y viajes para poder trabajar. Dura negligencia contra el inmigrante.
De a poco me apura porque el ocio llega a pesar, la sensación guanga de inutilidad no motiva a mi mente a hacer lo que tiene que hacer. Me quedo sin energía y sin la menos emoción de disfrutar las próximas bellezas otoñales (que ya asoma su roja nariz desde las hojas de maple).
El atisbo comenzó hoy, en una ola de responsabilidades recién llegadas, la escuela de mis hermanas y el trabajo de mi papá. AL mismo tiempo llego también la primera oferta de empleo, con ocho dólares la hora, nada mal para primer rayo de luz que me empuje a atravesar el laberinto. AL final las cosas serán más sencillas, si todo sale bien.
Por ahora los pequeños sueños no se ven tan lejanos. Sobretodo puedo volver a sentirme arrastrada en la productividad energizante que me permitirá cerrar algunos ciclos.
