jueves, 21 de febrero de 2008

Fragmentillos: Pequeños trabajos

11-sep-2007
La prisa va cobrando vértigo. El camino se vuelve familiar. El trabajo abruma y como siempre, el papeleo huele a eternidad, a promesas vueltas odisea sin retorno... quién sabe. No sé aún si estoy a medio camino o si alguna vuelta distraída me regresó a un principiomás complicado.
Después de una semana de trabajar de sol a sol, al que irónicamente veo media hora al día cuando mucho; todavía no recibo recompensa por mis horas invertidas (¿o perdidas?). Espero y ruego al tiempo que sea benévolo, que me guarde alguna recompensa por lo que he luchado a cambio de apresurar un poco más mis pasos trabajando a cambio de un papel.
Hoy se abrió el suspiro de una puerta y el camino será tortuoso. Debo ser veloz. Tengo un mes para terminar mi tésis, a cambio tengo la promesa de entrar a la universidad. Es cierto que no tengo una certitud pero sí una esperanza y con eso me basta. Me lanzo ahora como héroe a una batalla de la que no conoce más que la recompensa.
La lluvia azota, y por ahora gana la batalla climática contra un viento helado, el cielo azul y la bruma cegadora. La diferencia aquí llega a ser mágica, esta tierra se basa en ella para existir y conservar su reputación de tierra prometida.
Cada mañana en el espacio oscilante del autobus, nos juntamos latinos, orientales, africanos, sajones, bellos, feos, jóvenes, viejos, lectores, empleados, ciegos, locos, poetas y optimistas, olores que recorren el pasillo, miradas que escapan del juicio general, generalmente reina la indiferencia. La raza es ninguna y la diferencia la hace un mero papel.
Por ahora disfruto las hojas abochornadas. Los días duros también se disfrutan, algo tiene de hermoso el laberinto.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Fragmentillos Canada: Tic-tac


29-ag-2007
El tiempo se escurre, los días van escapando tranquilos, cómo si no hubiera más ocasos intempestivos con despertares en la madrugada. Entre paseos-turista y la rutina del ocio, comidas de reyes, mantequilla de manzana y quedo, pan en mil formas, mermelada y chocolate, carnes, papas, vino, oporto rosa con paté de especias.
La gente no cambia mucho pero de apoco se asoma el apuro, la urgencia de atravesar las minas de la burocracia y llegar al campo legal de necios papeleos y viajes para poder trabajar. Dura negligencia contra el inmigrante.
De a poco me apura porque el ocio llega a pesar, la sensación guanga de inutilidad no motiva a mi mente a hacer lo que tiene que hacer. Me quedo sin energía y sin la menos emoción de disfrutar las próximas bellezas otoñales (que ya asoma su roja nariz desde las hojas de maple).
El atisbo comenzó hoy, en una ola de responsabilidades recién llegadas, la escuela de mis hermanas y el trabajo de mi papá. AL mismo tiempo llego también la primera oferta de empleo, con ocho dólares la hora, nada mal para primer rayo de luz que me empuje a atravesar el laberinto. AL final las cosas serán más sencillas, si todo sale bien.
Por ahora los pequeños sueños no se ven tan lejanos. Sobretodo puedo volver a sentirme arrastrada en la productividad energizante que me permitirá cerrar algunos ciclos.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Fragmentillos Canada: Montmorency

Antes que se nos acabe el verano, la visita a montmorency es obligada.


Primero, porque no todo el tiempo se tiene la oportunidad de tener como vecino una cascada de más de treinta metros de alto. Tanta agua, tanto murmullo, subida infame de escalones para llegar a lo alto y ver partir las gotas que de sutil transparencia se visten de furico blanco, azotan lejos contra las piedras y forman un arcoiris.


Allá arriba donde comienza el velo de lágrimas... ah sí, la historia. Había una vez una joven enamorada, que el día de su boda se vio abandonada por el hombre que amaba y que había prometido casarse con ella (promesas rotas... ¿cuando aprenderemos las ilusas a no confiar tan ciegamente). Desesperada y ciega de dolor al ver morir todas sus ilusiones, se arrojó de un barranco ese mismo día, vestida de novia. De su velo y de sus lágrimas se formo un torrente que ahora vemos convertido en la Cascada de Monmorency.


Corta leyenda de pedazos de lugares comunes. Quizá la caída será el lecho de muerte de una amante desahuciada (una de tantas); lo que es cierto, es que en lo alto de la cascada, han construido una iglesia donde a diario se desposan cientos de parejas... Hasta ahora no se ha registrado ningún nuevo suicidio.


lunes, 29 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Noches de longevidad






18-ag-2007











Finalmente anuncia la noche, la casi madrugada, la brillante amenaza de fiesta.

El primer vistazo a posibles amistades, palabras, cercanas ebriedades y coincidencias con los aquí nativos.

La noche se introdujo dichosa, el mismo viento meloso que por el auricular me cantó un saxofón, llega ahora helado a Quebec para arrebatarme una sonrisa.

Salí flotando y con espíritu liviano, llena de la sensación de que nada podrá derrotarme, precisamente porque no salí a la batalla sino a pactar tregua en campo extraño.



El frío, las palabras incomprendidas, el auto veloz dirigiendose a un bar, un antro, una discoteca, un poolbar, un tumulto de voces, gritos con aliento a cerveza, caras desconocidas.



Entramos, de la mano me condujeron al corazón del lugar, la fuente de bebidas. Se abrió mi gargante con fuego sabor anís.


Piso tras piso, bebida tras bebida, ruido infame, luces verdes, caras como de mal sueño: vertiginoso sin llegar a marear. Pista de baile y más alcohol: whisky, ron, tequila, todo en un trago; y más palabras, y carcajadas desbordándose de mis oidos. Palmadas amables, vaporosas relaciones. Esto parece gallinero de errantes. Me llegan ráfagas de aire sobre el pecho acalorado: guasa entre los pasos de baile de las ya amigas.



¿Pero qué diablo de idioma es este? Inglés, francés ¿simple y llano quebeco? Cruel mezcla de todo para revolver estómagos extranjeros. Cuatro años aprendiendo palabras para llegar aquí a aprender a tartamudear de nuevo... Al final la risa y la ebriedad son universales, no necesitan idioma.



Tres de la madrugada, feliz regreso a casa. No son mis fiestas, no son mis amigos, ni es mi música; pero quizá lo serán, y ya seré yo otra la que vuelva a entrar a esas colmenas verdes esperando escuchar mi nombre entre la multitud de zumbidos.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Fríos

15-agosto-2007


Como parpadeo molesto en medio de la tormenta de polvo, ha llegado el frío.
Súbito, sin ser realmente radical (aún), su presencia no tiene nada de sutil.

Los días de sol húmedo han sido desplazados por un viento frío, nubarrones que apurados cubren la luz y anuncian la lluvia.

Días desolados, ni un murmullo más que el golpeteo húmedo de tierra. Por veces no hay más día que los focos.


De cualquier forma la gente sale, habla, sonríe. Y pese a los leves contratiempos de salud que los cambios de clima ocasionan, encuentro cosas por hacer.


Me invade un parasitismo y una sensación cada vez más desagradable de ocio. Necesito hacer algo más, entrar en alguna rutina que me saque del tedio y de pensamientos como fantasmas del pasado: qué terrible comenzón la que ya no puedo volver atrás para aliviar. Hay que olvidar, hay que perdonar (aunque sea divino). Son estos días de lluvia y de silencio hipnotizante, los que me traen más agudo en la conciencia lo que dejé atrás, bueno y malo, todos los corajes y pasiones, las lágrimas y las perezas; toda esa desesperanza que parece perseguirme.


Pensar en eso me hace entender un poco porqué aquí la gente ve tanto el canal del clima, mañana hay lluvia, día de fantasmas; mañana sale el sol, es día de olvidar.

domingo, 21 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Rutas

13-agosto-2007
Las barreras aquí son pocas. Si uno busca, el camino sabe siempre abrirse, bifurcarse, ensancharse, no importa la meta.
Mis primeros dólares me saben a bolsillo viejo, es el viejo sabor salado del ahorro urgente que todavía no cabe en un banco hasta que logre ser un número más en el sistema.
Trámites, burocracia, lentitud. El camino existe, pero generalmente va cuesta arriba, las metas no son para los débiles.
La ruta sigue, y probablemente la próxima parada es el empleo y por lo mientras un pavoroso inicio de vida social con retardo. Hay que tener en cuenta que el terreno es nuevo, hay que abarcarlo con pasos de veve, masticar despacio, digerir bien las calles.
Aquí incluso hay vías para evadir el calor y el frío. ¿Quién sería capaz de imaginar que en el mismo espacio cabe un centro comercial, una pista de hielo, y una montaña rusa? Lo increible cabe, con tal de estar bajo techo, recuerdo entonces que este es el primer mundo, que goza de equidad social y económica pero sufre un clima insufrible casi ocho meses al año.
El cambio siempre es difícil. Nunca tanto como parece. Entrar al sistema es tremendamente laborioso, adjetivo fácil de disfrazar de complejo pero no lo vuelve imposible. Es más difícil franquear el muro de pereza, pero habré de sacudirla diariamente... o no llegaré a ningún lado, no importa la ruta que tome.


Fragmentillos Canada: Gente (mucha)










8-ag-2007












Una voz en ciertas circunstancias puede bastar para transformar los colores del universo: La voz de mis hermanas, disparando un atardecer, horizonte circular de pasto, árboles y edificios; enorme respiro de la cúpula-firmamento, como si un cielo cortés se quitara el sombrero y en su calvicie de anciano brillaran los últimos rastros del sol.
Esa otra voz despertando latidos oxidados por la nostalgia, el comienzo de la forzosa entropía emocional. Emerge del ahogo mi voz, las palabras y mi sonrisa, la esperanza y cierta verdad en ella.
La voz de los nuevos amigos, que lenta se va aclarando: se devuelve una risa y me anima a la respuesta. Voz que me va mostrando una mente, una vida, la voz de la esperanza, del porvenir, anuncio de cabos soldandose.
Voz de los que no están, los que extraño con toda el alma, de los que de un momento a otro escaparan conmigo en este mundo sin fronteras, sólo flores.
Voces de andanza, por primera vez me aventuro a lo extraño después de años de interminable rutina. Llevo dos semanas y no termino de crearme una nueva: qué delicia vivir así, explorando cada amanecer sin saber qué nuevas voces vendrán con el día, o qué nuevos silencios.