Las barreras aquí son pocas. Si uno busca, el camino sabe siempre abrirse, bifurcarse, ensancharse, no importa la meta.
Mis primeros dólares me saben a bolsillo viejo, es el viejo sabor salado del ahorro urgente que todavía no cabe en un banco hasta que logre ser un número más en el sistema.
Trámites, burocracia, lentitud. El camino existe, pero generalmente va cuesta arriba, las metas no son para los débiles.
La ruta sigue, y probablemente la próxima parada es el empleo y por lo mientras un pavoroso inicio de vida social con retardo. Hay que tener en cuenta que el terreno es nuevo, hay que abarcarlo con pasos de veve, masticar despacio, digerir bien las calles.
Aquí incluso hay vías para evadir el calor y el frío. ¿Quién sería capaz de imaginar que en el mismo espacio cabe un centro comercial, una pista de hielo, y una montaña rusa? Lo increible cabe, con tal de estar bajo techo, recuerdo entonces que este es el primer mundo, que goza de equidad social y económica pero sufre un clima insufrible casi ocho meses al año.
El cambio siempre es difícil. Nunca tanto como parece. Entrar al sistema es tremendamente laborioso, adjetivo fácil de disfrazar de complejo pero no lo vuelve imposible. Es más difícil franquear el muro de pereza, pero habré de sacudirla diariamente... o no llegaré a ningún lado, no importa la ruta que tome.

1 comentario:
Las metas no son para los débiles, me gustó la frase; pesa y pisa fuerte. Mientras, sigo disfrutando de tu estancia en el primer mundo con tus agradables recorridos impregnado de buenas de letras .
Un abrazo amiga.
Monique.
Publicar un comentario