30-julio-2007
Una cara familiar suele cambiar radicalmente la perspectiva, sobretodo la de los demás.
Una, de pronto, pasa de simple turista, cara nueva, extraña casi intrusa; a hoja de maple: una pertenece.
Es un momento fugaz cuando caminas por la calle como si reconocieras tus pasos y todos te miran a los ojos, como una perspectiva asible, un posible rostro de rutina.
Incluso consideran hablarte, o mirarte con odio, te vuelves parte de un universo cotidiano de caras y colores.
Las palabras, infranqueables, se van conquistando poco a poco:
On decouvre qu'est une cause perdue essayer à se soutenir en vieilles memoires et amis, le temps va effacer tout ou presque tout, et tous vont à s'évanouir... sauf quelque coeurs corageuses.
Aquí está Bernard y letras, y allá los demás en una pantalla lejanísima; extrañamente también letras, eso nos une a todos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario