7-agosto-2007
El tiempo corre inmensamente despacio, cada día se saca un poco más la mirada del caparazón, se da un aleteo más con toda la intención de sentir con cuidado el viento en la cara.
Poco a poco aventuramos más nuestros pasos y nuestras lenguas, las carteras se vuelven cautas y el porvenir airoso.
A cien pasos todo el pasto del mundo, mar verde salpicado de flores y árboles que se extiende por más de cuatro hectáreas. Un pequeño Edén que incluye hasta la falta de pudor, fuentes flores, colinas, a lo lejos el puerto rugiendo desde el horizonte.
Dan ganas de ser eso que nunca logré ser del todo: una mujer de rutinas físicas. Andar en ruedas y olvidarse de que hay gente y apariencias, sólo importa el aire llevando el ritmo del bambolear de piernas, no perder el equilibrio sobre la pista inmensa.
Hoy bastó subir unos cuantos escalones de más y compartir unas copas con los vecinos, para abarcar un enorme paso. Buenos vecinos, los primeros amigos de este nuevo mundo. Gente linda y alegre. El francés deja de parecer extraño con ellos y se va haciendo mío. Puedo dejar de ser la tartamuda y volver a ser yo, hacer reír y contagiarme de chistes.
Este es un sitio que te susurra que no te marches: hay trabajo, hay paisajes, hay comida extravagante y noches de luna roja, todos los libros para leer y toda la música para sentir. Es difícil no sentirse en casa, y más ahora que comienzo a ver borrosamente el comienzo de lo más importante: amigos.
Poco a poco aventuramos más nuestros pasos y nuestras lenguas, las carteras se vuelven cautas y el porvenir airoso.
A cien pasos todo el pasto del mundo, mar verde salpicado de flores y árboles que se extiende por más de cuatro hectáreas. Un pequeño Edén que incluye hasta la falta de pudor, fuentes flores, colinas, a lo lejos el puerto rugiendo desde el horizonte.
Dan ganas de ser eso que nunca logré ser del todo: una mujer de rutinas físicas. Andar en ruedas y olvidarse de que hay gente y apariencias, sólo importa el aire llevando el ritmo del bambolear de piernas, no perder el equilibrio sobre la pista inmensa.
Este es un sitio que te susurra que no te marches: hay trabajo, hay paisajes, hay comida extravagante y noches de luna roja, todos los libros para leer y toda la música para sentir. Es difícil no sentirse en casa, y más ahora que comienzo a ver borrosamente el comienzo de lo más importante: amigos.

1 comentario:
Mi querida Beatriz:
Gracias por estar. Gracias por tu recorrido por esas tierras lejanas y ahora pregunto: Tus pies pisan fuerte Canadá, qué andas haciendo por esos rumbos lejanos??? Te dejé estudiando Filosofía y letras, no??? acaso un intercambio cultural te llevó al extranjero???
Ven y platicame mucho de tu nuevo mundo...
Un abrazo y beso entrañable y otoñal, mi amiga.
Monique.
p.d. seguiré tu huella narrativa.
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