miércoles, 17 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Quebec


1-agosto-2007




Québec de mi alma, de cada respiro,



Québec mar, ojos verdes de cobre, labios rojos de flores,
canción de hojas de maple chocando dulces contra la brisa del mar.



Ya no visito, reconozco, me empeño en abrir los ojos para encontrarle sentido a las calles. Para arrojar los guijarros de mi conciencia uno a uno, hasta llegar a mi nueva casa, para ya no perderme entre subidas y bajadas, palacios y rostros, francés y zumbidos.



El puerto es gente, son libros y Bach en el teclado derruido, discos de jazz y Beethoven con su claro de luna. Señal inequívoca para voltear y ser testigo de cómo cada tecla va creando la luna llena sobre la citadelle



"Je me souviens"



Me enamoré de nuevo de las calles desordenadas, de los castillos-libélula, de las flores a cada paso como bienvenida de sueño de verano.



Ya paso tras paso, hacia arriba, un café tras otro, sin entrar a ninguno, fatiga infame. En eso el tiempo se hace mudo, el viento corre despacio y entramos a una calle de Maples, de casas de ladrillo cubiertas de plantas y escaleras de madera, como un sueño o una película de irrealidades.
Mi calle... (uno se pregunta si realmente será capaz de reencontrar el camino, se empiezan a temer los extravíos). La puerta, mi puerta. Se abre con caras sonrientes, un hola sin acentos: "bienvenidos a su casa".



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