Los espectáculos y atracciones turisticas no siempre son la gente bella y los edificios antiguos... Creo que sólo a la gran ciudad, libre de censuras y abierta a todo lo que signifique expresión, sería capaz de exponer muertos sin piel, cuidadosamente acomodados, como muñequitos de plastilina. Un obra de arte, que por veces roza con una morbosidad grotesca.
Parece que la desnudez no es suficiente, el morbo exige más, la ciencia exige más. Más carne, desvístete del pellejo, desencuérate; es más, muere y entrega tu cuerpo y cualquier pudor a las excentricidades de un anatomista alemán. Bizarro es ver tripas tan acomodadas, ojos congelados en el instante de la muerte, en el eterno anonimato del espectáculo.
Y yo, la turista, el espectador, me cubro de mi velo de interés científico y olvido que estoy viendo personas muertas, fetos muertos, vidas apagadas por tumores malignos o columnas deshechas. Lo más irónico es que la publicidad más común de todo este evento fue la propaganda contra fumadores con la imagen del pulmón carcomido de cáncer para siempre resguardado en una capa de plástico.
De mi estupor me consuela saber que en este país sin censura también se reencuentra la magia, he descubierto que aquí las hadas existen, vestidas de mariposa, brillando aún apagado su aleteo con un alfiler y cristal.
Que bizarra combinación de mundos, la metrópoli, la inmensidad del ingenio, los límites de la ambición; y toda la humildad del mundo para admirar los colores que ningún ser humano será jamás capaz de inventar, los complicados artilugios de la naturaleza. Es unificante saber que todos somos igual de pequeños, ante semejante variedad de majestuosas perfecciones.
Y yo, la turista, el espectador, me cubro de mi velo de interés científico y olvido que estoy viendo personas muertas, fetos muertos, vidas apagadas por tumores malignos o columnas deshechas. Lo más irónico es que la publicidad más común de todo este evento fue la propaganda contra fumadores con la imagen del pulmón carcomido de cáncer para siempre resguardado en una capa de plástico.
De mi estupor me consuela saber que en este país sin censura también se reencuentra la magia, he descubierto que aquí las hadas existen, vestidas de mariposa, brillando aún apagado su aleteo con un alfiler y cristal.

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