viernes, 21 de diciembre de 2007

Fragmentillos Canada: Tic-tac


29-ag-2007
El tiempo se escurre, los días van escapando tranquilos, cómo si no hubiera más ocasos intempestivos con despertares en la madrugada. Entre paseos-turista y la rutina del ocio, comidas de reyes, mantequilla de manzana y quedo, pan en mil formas, mermelada y chocolate, carnes, papas, vino, oporto rosa con paté de especias.
La gente no cambia mucho pero de apoco se asoma el apuro, la urgencia de atravesar las minas de la burocracia y llegar al campo legal de necios papeleos y viajes para poder trabajar. Dura negligencia contra el inmigrante.
De a poco me apura porque el ocio llega a pesar, la sensación guanga de inutilidad no motiva a mi mente a hacer lo que tiene que hacer. Me quedo sin energía y sin la menos emoción de disfrutar las próximas bellezas otoñales (que ya asoma su roja nariz desde las hojas de maple).
El atisbo comenzó hoy, en una ola de responsabilidades recién llegadas, la escuela de mis hermanas y el trabajo de mi papá. AL mismo tiempo llego también la primera oferta de empleo, con ocho dólares la hora, nada mal para primer rayo de luz que me empuje a atravesar el laberinto. AL final las cosas serán más sencillas, si todo sale bien.
Por ahora los pequeños sueños no se ven tan lejanos. Sobretodo puedo volver a sentirme arrastrada en la productividad energizante que me permitirá cerrar algunos ciclos.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Fragmentillos Canada: Montmorency

Antes que se nos acabe el verano, la visita a montmorency es obligada.


Primero, porque no todo el tiempo se tiene la oportunidad de tener como vecino una cascada de más de treinta metros de alto. Tanta agua, tanto murmullo, subida infame de escalones para llegar a lo alto y ver partir las gotas que de sutil transparencia se visten de furico blanco, azotan lejos contra las piedras y forman un arcoiris.


Allá arriba donde comienza el velo de lágrimas... ah sí, la historia. Había una vez una joven enamorada, que el día de su boda se vio abandonada por el hombre que amaba y que había prometido casarse con ella (promesas rotas... ¿cuando aprenderemos las ilusas a no confiar tan ciegamente). Desesperada y ciega de dolor al ver morir todas sus ilusiones, se arrojó de un barranco ese mismo día, vestida de novia. De su velo y de sus lágrimas se formo un torrente que ahora vemos convertido en la Cascada de Monmorency.


Corta leyenda de pedazos de lugares comunes. Quizá la caída será el lecho de muerte de una amante desahuciada (una de tantas); lo que es cierto, es que en lo alto de la cascada, han construido una iglesia donde a diario se desposan cientos de parejas... Hasta ahora no se ha registrado ningún nuevo suicidio.


lunes, 29 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Noches de longevidad






18-ag-2007











Finalmente anuncia la noche, la casi madrugada, la brillante amenaza de fiesta.

El primer vistazo a posibles amistades, palabras, cercanas ebriedades y coincidencias con los aquí nativos.

La noche se introdujo dichosa, el mismo viento meloso que por el auricular me cantó un saxofón, llega ahora helado a Quebec para arrebatarme una sonrisa.

Salí flotando y con espíritu liviano, llena de la sensación de que nada podrá derrotarme, precisamente porque no salí a la batalla sino a pactar tregua en campo extraño.



El frío, las palabras incomprendidas, el auto veloz dirigiendose a un bar, un antro, una discoteca, un poolbar, un tumulto de voces, gritos con aliento a cerveza, caras desconocidas.



Entramos, de la mano me condujeron al corazón del lugar, la fuente de bebidas. Se abrió mi gargante con fuego sabor anís.


Piso tras piso, bebida tras bebida, ruido infame, luces verdes, caras como de mal sueño: vertiginoso sin llegar a marear. Pista de baile y más alcohol: whisky, ron, tequila, todo en un trago; y más palabras, y carcajadas desbordándose de mis oidos. Palmadas amables, vaporosas relaciones. Esto parece gallinero de errantes. Me llegan ráfagas de aire sobre el pecho acalorado: guasa entre los pasos de baile de las ya amigas.



¿Pero qué diablo de idioma es este? Inglés, francés ¿simple y llano quebeco? Cruel mezcla de todo para revolver estómagos extranjeros. Cuatro años aprendiendo palabras para llegar aquí a aprender a tartamudear de nuevo... Al final la risa y la ebriedad son universales, no necesitan idioma.



Tres de la madrugada, feliz regreso a casa. No son mis fiestas, no son mis amigos, ni es mi música; pero quizá lo serán, y ya seré yo otra la que vuelva a entrar a esas colmenas verdes esperando escuchar mi nombre entre la multitud de zumbidos.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Fríos

15-agosto-2007


Como parpadeo molesto en medio de la tormenta de polvo, ha llegado el frío.
Súbito, sin ser realmente radical (aún), su presencia no tiene nada de sutil.

Los días de sol húmedo han sido desplazados por un viento frío, nubarrones que apurados cubren la luz y anuncian la lluvia.

Días desolados, ni un murmullo más que el golpeteo húmedo de tierra. Por veces no hay más día que los focos.


De cualquier forma la gente sale, habla, sonríe. Y pese a los leves contratiempos de salud que los cambios de clima ocasionan, encuentro cosas por hacer.


Me invade un parasitismo y una sensación cada vez más desagradable de ocio. Necesito hacer algo más, entrar en alguna rutina que me saque del tedio y de pensamientos como fantasmas del pasado: qué terrible comenzón la que ya no puedo volver atrás para aliviar. Hay que olvidar, hay que perdonar (aunque sea divino). Son estos días de lluvia y de silencio hipnotizante, los que me traen más agudo en la conciencia lo que dejé atrás, bueno y malo, todos los corajes y pasiones, las lágrimas y las perezas; toda esa desesperanza que parece perseguirme.


Pensar en eso me hace entender un poco porqué aquí la gente ve tanto el canal del clima, mañana hay lluvia, día de fantasmas; mañana sale el sol, es día de olvidar.

domingo, 21 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Rutas

13-agosto-2007
Las barreras aquí son pocas. Si uno busca, el camino sabe siempre abrirse, bifurcarse, ensancharse, no importa la meta.
Mis primeros dólares me saben a bolsillo viejo, es el viejo sabor salado del ahorro urgente que todavía no cabe en un banco hasta que logre ser un número más en el sistema.
Trámites, burocracia, lentitud. El camino existe, pero generalmente va cuesta arriba, las metas no son para los débiles.
La ruta sigue, y probablemente la próxima parada es el empleo y por lo mientras un pavoroso inicio de vida social con retardo. Hay que tener en cuenta que el terreno es nuevo, hay que abarcarlo con pasos de veve, masticar despacio, digerir bien las calles.
Aquí incluso hay vías para evadir el calor y el frío. ¿Quién sería capaz de imaginar que en el mismo espacio cabe un centro comercial, una pista de hielo, y una montaña rusa? Lo increible cabe, con tal de estar bajo techo, recuerdo entonces que este es el primer mundo, que goza de equidad social y económica pero sufre un clima insufrible casi ocho meses al año.
El cambio siempre es difícil. Nunca tanto como parece. Entrar al sistema es tremendamente laborioso, adjetivo fácil de disfrazar de complejo pero no lo vuelve imposible. Es más difícil franquear el muro de pereza, pero habré de sacudirla diariamente... o no llegaré a ningún lado, no importa la ruta que tome.


Fragmentillos Canada: Gente (mucha)










8-ag-2007












Una voz en ciertas circunstancias puede bastar para transformar los colores del universo: La voz de mis hermanas, disparando un atardecer, horizonte circular de pasto, árboles y edificios; enorme respiro de la cúpula-firmamento, como si un cielo cortés se quitara el sombrero y en su calvicie de anciano brillaran los últimos rastros del sol.
Esa otra voz despertando latidos oxidados por la nostalgia, el comienzo de la forzosa entropía emocional. Emerge del ahogo mi voz, las palabras y mi sonrisa, la esperanza y cierta verdad en ella.
La voz de los nuevos amigos, que lenta se va aclarando: se devuelve una risa y me anima a la respuesta. Voz que me va mostrando una mente, una vida, la voz de la esperanza, del porvenir, anuncio de cabos soldandose.
Voz de los que no están, los que extraño con toda el alma, de los que de un momento a otro escaparan conmigo en este mundo sin fronteras, sólo flores.
Voces de andanza, por primera vez me aventuro a lo extraño después de años de interminable rutina. Llevo dos semanas y no termino de crearme una nueva: qué delicia vivir así, explorando cada amanecer sin saber qué nuevas voces vendrán con el día, o qué nuevos silencios.

jueves, 18 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Lo que hay afuera




7-agosto-2007
El tiempo corre inmensamente despacio, cada día se saca un poco más la mirada del caparazón, se da un aleteo más con toda la intención de sentir con cuidado el viento en la cara.
Poco a poco aventuramos más nuestros pasos y nuestras lenguas, las carteras se vuelven cautas y el porvenir airoso.
A cien pasos todo el pasto del mundo, mar verde salpicado de flores y árboles que se extiende por más de cuatro hectáreas. Un pequeño Edén que incluye hasta la falta de pudor, fuentes flores, colinas, a lo lejos el puerto rugiendo desde el horizonte.
Dan ganas de ser eso que nunca logré ser del todo: una mujer de rutinas físicas. Andar en ruedas y olvidarse de que hay gente y apariencias, sólo importa el aire llevando el ritmo del bambolear de piernas, no perder el equilibrio sobre la pista inmensa.
Hoy bastó subir unos cuantos escalones de más y compartir unas copas con los vecinos, para abarcar un enorme paso. Buenos vecinos, los primeros amigos de este nuevo mundo. Gente linda y alegre. El francés deja de parecer extraño con ellos y se va haciendo mío. Puedo dejar de ser la tartamuda y volver a ser yo, hacer reír y contagiarme de chistes.
Este es un sitio que te susurra que no te marches: hay trabajo, hay paisajes, hay comida extravagante y noches de luna roja, todos los libros para leer y toda la música para sentir. Es difícil no sentirse en casa, y más ahora que comienzo a ver borrosamente el comienzo de lo más importante: amigos.

Fragmentillos Canada: Marcar territorio



5-agosto-2007



Casa-castillo, cubierta de helechos, de libros, de jazz y madera.
Espacio de más para que cinco reprimidos naden, sabiendo que nunca ocuparán tal perímetro, nunca necesitarán tanto ¿o sí?
Pero en qué silencio se miran agradeciendo su suerte, deseosos de explorar tantos recovecos que dentro de poco serán parte de su propia intimidad. Maletas en mano y en sus marcas, listos y a marcar territorio, a arrebatar armarios con ropa, pared con fotos, el grito desesperado de la nostalgia por llegar.
En un aleteo de pestañas estoy en mi casa, y me muero por salir para volver sola, con un día absolutamente mío en los bolsillos, con telas del pasado para construir remendando el futuro.


miércoles, 17 de octubre de 2007

Fragmentillos Canada: Quebec


1-agosto-2007




Québec de mi alma, de cada respiro,



Québec mar, ojos verdes de cobre, labios rojos de flores,
canción de hojas de maple chocando dulces contra la brisa del mar.



Ya no visito, reconozco, me empeño en abrir los ojos para encontrarle sentido a las calles. Para arrojar los guijarros de mi conciencia uno a uno, hasta llegar a mi nueva casa, para ya no perderme entre subidas y bajadas, palacios y rostros, francés y zumbidos.



El puerto es gente, son libros y Bach en el teclado derruido, discos de jazz y Beethoven con su claro de luna. Señal inequívoca para voltear y ser testigo de cómo cada tecla va creando la luna llena sobre la citadelle



"Je me souviens"



Me enamoré de nuevo de las calles desordenadas, de los castillos-libélula, de las flores a cada paso como bienvenida de sueño de verano.



Ya paso tras paso, hacia arriba, un café tras otro, sin entrar a ninguno, fatiga infame. En eso el tiempo se hace mudo, el viento corre despacio y entramos a una calle de Maples, de casas de ladrillo cubiertas de plantas y escaleras de madera, como un sueño o una película de irrealidades.
Mi calle... (uno se pregunta si realmente será capaz de reencontrar el camino, se empiezan a temer los extravíos). La puerta, mi puerta. Se abre con caras sonrientes, un hola sin acentos: "bienvenidos a su casa".



Fragmentillos Canada: Tren Montreal-Quebec







31-jul-2007






Maitenant le train...
Tren verde, de cabañas,


mundo querido alíviame en esa lejanía de


horizonte infinito, donde tierra y nubes se

mimetizan en un gris sin líneas.


Tren sin tiempo, tierra de hojas, cortina de osos,


guía las espadas paralelas hasta donde se juntan mis brazos.



Bienvenidos al llano de pinos, donde fluye la abundancia que en otros lados es pobreza.



Aquí, los que tienen todo no están en la ciudad, sino en las ventanas del tren.












Fragmentillos Canada: Extraño turismo






31-julio-2007








Los espectáculos y atracciones turisticas no siempre son la gente bella y los edificios antiguos... Creo que sólo a la gran ciudad, libre de censuras y abierta a todo lo que signifique expresión, sería capaz de exponer muertos sin piel, cuidadosamente acomodados, como muñequitos de plastilina. Un obra de arte, que por veces roza con una morbosidad grotesca.








Parece que la desnudez no es suficiente, el morbo exige más, la ciencia exige más. Más carne, desvístete del pellejo, desencuérate; es más, muere y entrega tu cuerpo y cualquier pudor a las excentricidades de un anatomista alemán. Bizarro es ver tripas tan acomodadas, ojos congelados en el instante de la muerte, en el eterno anonimato del espectáculo.
Y yo, la turista, el espectador, me cubro de mi velo de interés científico y olvido que estoy viendo personas muertas, fetos muertos, vidas apagadas por tumores malignos o columnas deshechas. Lo más irónico es que la publicidad más común de todo este evento fue la propaganda contra fumadores con la imagen del pulmón carcomido de cáncer para siempre resguardado en una capa de plástico.
De mi estupor me consuela saber que en este país sin censura también se reencuentra la magia, he descubierto que aquí las hadas existen, vestidas de mariposa, brillando aún apagado su aleteo con un alfiler y cristal.
Que bizarra combinación de mundos, la metrópoli, la inmensidad del ingenio, los límites de la ambición; y toda la humildad del mundo para admirar los colores que ningún ser humano será jamás capaz de inventar, los complicados artilugios de la naturaleza. Es unificante saber que todos somos igual de pequeños, ante semejante variedad de majestuosas perfecciones.




Fragmentillos Canada: Un viejo amigo




30-julio-2007



Una cara familiar suele cambiar radicalmente la perspectiva, sobretodo la de los demás.

Una, de pronto, pasa de simple turista, cara nueva, extraña casi intrusa; a hoja de maple: una pertenece.
Es un momento fugaz cuando caminas por la calle como si reconocieras tus pasos y todos te miran a los ojos, como una perspectiva asible, un posible rostro de rutina.
Incluso consideran hablarte, o mirarte con odio, te vuelves parte de un universo cotidiano de caras y colores.


Las palabras, infranqueables, se van conquistando poco a poco:
On decouvre qu'est une cause perdue essayer à se soutenir en vieilles memoires et amis, le temps va effacer tout ou presque tout, et tous vont à s'évanouir... sauf quelque coeurs corageuses.
Aquí está Bernard y letras, y allá los demás en una pantalla lejanísima; extrañamente también letras, eso nos une a todos.

Fragmentillos Canada: Montreal



28-julio-2007




La llegada: pasmosa, indiferente; lo nuevo ya no es nuevo y poco a poco la conciencia se abre paso. Primero en las miradas: apenas a los cuatro o cinco minutos; después las voces: zumbidos que pasean una que otra palabra familiar, ninguna absolutamente mía.


De pronto me azota la sonrisa y me percato de lo pasmoso que nunca dejó de ser, de la belleza de un mundo absolutamente listo para estrenar y que al mismo tiempo tenía yo entre mis dedos como pianistas que sin pensar interpretan: Estoy lista para que el mundo sea mio.
Montreal me recibió con brazos de viento cálido y yo lo besé con los rizos de mi cabello. Por un momento y todo un día desmesurado y alegre, lo olvidé todo. Nada me ata, nada me llama, nada me escribe: mi desconexión es total.
Por instantes me hizo cosquillas la hoja en blanco, deseosa de jugar conmigo; y mientras yo paladeaba la pluma buscando esa primera frase para comenzar mi vida, la hoja me paseaba por viejos escenarios que como niña, viví de nuevo: me fotografié entre pingüinos y bosques, entre mariposas y flor de loto.

De súbito encajo, los negros ya no son negros, ni los blancos son blancos; español, francés, inglés, chino, la gente vuelve a ser gente. La belleza física es sólo la incandecencia de la novedad. Y de pronto vuelve ésta a posarse sobre mi hombro, puedo levantar la cabeza y recordar que los ojos verdes no son nubes ni sonrisas, sólo son ojos verdes, la mirada no tiene color. Aunque a mi mente llegue la mirada café avellana.
El mundo es infinitamente mío, la hoja está infinitamente vacía, ya abierta a los besos de tinta; y yo, pasé de la más infinita y dichosa compañía, a la más absoluta soledad.


Fragmentillos Canada: Morelia-México-Montreal



27-jul-07


Como muchos viajes y muchas historias, todo comienza con una plaza vacía, un camión quebrando el silencio de la madrugada. La última noche, con la última gente enturbiando la ligereza de la partida.

Un abrazo largo a ocho manos termina por romper la quietud, suspiros roncos y bocanadas que reprimen lágrimas.


"Ya volveré", les dije. Y mientras lo hacía, adivinaron que no tenía intenciones de regresar pronto. Pero todos sabían que era mi hora de partir y que probablemente mi ausencia no fuera, sino un mero motor que les propiciara el arranque de su propio despegue.


El camión se puso en marcha, azotando la húmeda soledad de la noche, de la madrugada sin vida; sólo edificios, sólo recuerdos.



Llegó la hora del avión y del despegue que me arrebata el pecho, dejo medio corazón en estas tierras y el resto vuela conmigo. El sueño no me permite emocionarme. El fulgor del sol demasiado cerca, no me deja dormir. Tanto cielo y tan pocas ventanas. Tanto aire sin música, más bien es un estruendo de turbinas y de voces lejanamente cerca.

En sus marcas...
listos.... (y adiós Morelia, adiós amigos, adiós casi amores, adiós inconclusos, adiós español)
y el fuera dispara en cinco horas.
Carretera de nubes, déjame dar la vuelta al cielo y morder tu paraíso