jueves, 1 de noviembre de 2007

Fragmentillos Canada: Montmorency

Antes que se nos acabe el verano, la visita a montmorency es obligada.


Primero, porque no todo el tiempo se tiene la oportunidad de tener como vecino una cascada de más de treinta metros de alto. Tanta agua, tanto murmullo, subida infame de escalones para llegar a lo alto y ver partir las gotas que de sutil transparencia se visten de furico blanco, azotan lejos contra las piedras y forman un arcoiris.


Allá arriba donde comienza el velo de lágrimas... ah sí, la historia. Había una vez una joven enamorada, que el día de su boda se vio abandonada por el hombre que amaba y que había prometido casarse con ella (promesas rotas... ¿cuando aprenderemos las ilusas a no confiar tan ciegamente). Desesperada y ciega de dolor al ver morir todas sus ilusiones, se arrojó de un barranco ese mismo día, vestida de novia. De su velo y de sus lágrimas se formo un torrente que ahora vemos convertido en la Cascada de Monmorency.


Corta leyenda de pedazos de lugares comunes. Quizá la caída será el lecho de muerte de una amante desahuciada (una de tantas); lo que es cierto, es que en lo alto de la cascada, han construido una iglesia donde a diario se desposan cientos de parejas... Hasta ahora no se ha registrado ningún nuevo suicidio.


3 comentarios:

Conciencia Personal dijo...

Hola amiga:

A seguir viajando de la mano contigo...

Un abrazo grande, Monique.

aswed83 dijo...

Vacaciones o estudios?

Conciencia Personal dijo...

Pase a saludarte, cómo pasaras tu navidad en Canadá.

besos, Monique.