Como parpadeo molesto en medio de la tormenta de polvo, ha llegado el frío.
Súbito, sin ser realmente radical (aún), su presencia no tiene nada de sutil.
Los días de sol húmedo han sido desplazados por un viento frío, nubarrones que apurados cubren la luz y anuncian la lluvia.
Días desolados, ni un murmullo más que el golpeteo húmedo de tierra. Por veces no hay más día que los focos.

De cualquier forma la gente sale, habla, sonríe. Y pese a los leves contratiempos de salud que los cambios de clima ocasionan, encuentro cosas por hacer.
Me invade un parasitismo y una sensación cada vez más desagradable de ocio. Necesito hacer algo más, entrar en alguna rutina que me saque del tedio y de pensamientos como fantasmas del pasado: qué terrible comenzón la que ya no puedo volver atrás para aliviar. Hay que olvidar, hay que perdonar (aunque sea divino). Son estos días de lluvia y de silencio hipnotizante, los que me traen más agudo en la conciencia lo que dejé atrás, bueno y malo, todos los corajes y pasiones, las lágrimas y las perezas; toda esa desesperanza que parece perseguirme.



1 comentario:
El efecto otoñal pega fuerte en tu conciencia...narrras también tus experiencias que me sumerjo en ellas y pido más...
Besos fríos, también en México.
Un abrazo, Monique.
Publicar un comentario